lunes, 21 de marzo de 2016

EL ENFOQUE SOCIOFORMATIVO DE LAS COMPETENCIAS



EL ENFOQUE SOCIOFORMATIVO DE LAS COMPETENCIAS
Estudiante: Alberto Marcelo Ortuño Hinojosa
Docente del Módulo 2: Ph. Sergio Tobón

La universidad en Bolivia enfrenta una profunda crisis de calidad, transparencia y pertinencia. En la medida que las fuerzas regeneradoras no parecen emerger de las universidades, se abrió campo, también legitimidad e incluso exigencia de la sociedad civil, para que se impulse un cambio desde el Estado. El cual desde la nueva ley de educación Avelino Siñani tiene como principios el ser:

-       “ Es intracultural, intercultural y plurilingüe porque articula un Sistema Educativo Plurinacional desde el potenciamiento de los saberes, conocimientos y la lengua propia de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, las comunidades interculturales y afro bolivianas, promoviendo la interrelación y convivencia en igualdad de oportunidades para todos, a través de la valoración y respeto recíproco entre culturas” [1]

-       “Es científica, técnica, tecnológica y artística porque desarrolla los conocimientos y saberes desde la cosmovisión de las culturas milenarias en complementariedad con los avances de la ciencia y la tecnología, para contribuir al desarrollo integral de la humanidad”.[2]
 Dentro de la reforma educativa del sistema educativo en especial dentro el subsistema de educación superior de formación profesional dentro la sección IV  en el Artículo 44° (Educación Superior de Formación Profesional) Es la Educación destinada a formar profesionales idóneos con vocación productiva, compromiso social, consciencia critica de la realidad sociocultural, aplicando las ciencias y tecnologías en beneficio de los intereses del Estado plurinacional.
La educación superior tiene como objeto el de formar profesionales técnicos con vocaciones productivas, investigativas y creativas, que respondan a las necesidades y características socioeconómicas y culturales de las regiones, según formas de organización territorial es por eso que se debe dar prioridad a renovar el modelo educativo. Toca a las universidades, como motoras del desarrollo, impulsar definitivamente a las otras instituciones del sector de ciencia y tecnología: el Estado y la Empresa, para, en consenso, hacer de la ciencia, tecnología e innovación, factores fundamentales del desarrollo nacional en general y de una mejor y más adecuada formación de los recursos humanos.
El proceso de aprendizaje enfocado desde la perspectiva constructivista de Ausubel, es el proceso por el cual el estudiante procesa la información de manera sistemática y organizada y no solo de manera memorística sino que construye conocimiento (Díaz, 1998:18). En este proceso se pueden identificar claramente tres factores que son determinantes en el aprendizaje (Iafrancesco, 2004), como son las actitudes, las aptitudes y los contenidos. No obstante, a partir de las investigaciones de Piaget dichas aptitudes toman dos orientaciones diferentes, las aptitudes intelectivas y las aptitudes procedimentales.

El desarrollo de cada una de las actitudes, aptitudes intelectivas, aptitudes procedimentales y los contenidos tiene como objetivo la formación en el ser, en el pensar, el hacer y el saber, respectivamente, y el aprendizaje logrado por medio de la convergencia de estas cuatro dimensiones da lugar a los llamados aprendizajes significativos,  que son los aprendizajes en los cuales el sujeto del proceso de formación transforma la información nueva con la experiencia, permitiéndole así integrar grandes cuerpos de conocimiento con sentido. De esa integración entre conocimiento con sentido y experiencia resulta el desarrollo de la competencia (Ibíd.).
El enfoque socio formativo se deriva de un modelo de formación por competencia, lo que ha obligado a académicos y pedagogos a repensar la educación de los estudiantes bajo un modelo de formación por competencias.
La competencia también puede ser entendida como una “actuación idónea que emerge de una tarea concreta, en un contexto con sentido” (Bogoya, 2000), por lo tanto exige del estudiante la suficiente asimilación de los conocimiento para la resolución de problemas con diversas soluciones y de manera pertinente, por ello la competencia se desarrolla en una situación o contexto determinado.
Las necesidades pedagógicas y formativas no es posible de satisfacer con el seguimiento de dinámicas de enseñanza desarrolladas por la tradición o por la implantación de contenidos, enfoque a través del cual los docentes abordan usualmente la enseñanza en las asignaturas, que si bien busca alcanzar unos logros u objetivos previamente diseñados, no responde (por lo explorado durante la etapa preliminar de esta investigación) a la aplicación de una metodología específica de diseño curricular y evaluación, basada en indicadores concretos medidos en el estudiante.
Adicionalmente, como parte de cualquier innovación educativa para formar futuros profesionales, se reconoce la importancia de incorporar estrategias de enseñanza y de aprendizaje que respondan a la necesidad que tienen las empresas o negocios de contar con el recurso humano idóneo, con conocimiento de elementos teóricos pero también prácticos, además de habilidades de comunicación y alguna aproximación al contexto laboral.
La educación en los últimos años ha evidenciado la necesidad de combinar las habilidades duras tradicionales con las habilidades blandas que promuevan la integridad del futuro profesional, y se considera que la formación por competencias contribuye a ello.
Se define a las competencias como una combinación interrelacionada de destrezas cognitivas y prácticas, conocimiento (incluyendo conocimiento tácito), motivación, valores, actitudes, emociones y otros componentes que juntos pueden ser movilizados”. La unidad funcional que se utiliza en la definición del diseño curricular suele ser el objetivo de formación, que puede describirse en términos de competencia-capacidad, al entenderse como equivalentes entre sí, junto con los objetivos educativos y las destrezas-habilidades.
Tobón plantea que las competencias deben verse como procesos complejos de desempeño con idoneidad en determinados contextos, teniendo como base la responsabilidad. Se hacen procesos complejos en tanto que van más allá de ser un saber hacer en contexto (afirmación que suele hacerse en el entorno educativo sobre competencias), pues requieren, además de compromiso, disposición a hacer las cosas con calidad, manejo de conceptos y comprensión de los mismos, además de la interacción con las dimensiones del ser humano y del contexto que lo rodea.
El autor concluye que la formación basada en competencias tiene como eje formar no sólo para la ejecución de actividades profesionales, sino también educar para analizar y resolver problemas, lo cual conlleva a un enfoque investigativo complementario.
De acuerdo con el enfoque socio formativo propuesto por Tobón, que se toma como referente para la formulación conceptual del presente proyecto, se indica que para la formación de los estudiantes no solamente es necesario lograr que adquieran muchos conocimientos, sino que aprendan a aplicarlos en actividades y problemas con calidad, de manera que integren una acción ética, con base en valores y actitudes.
También se distingue en este enfoque la aplicación práctica de la acción competente: “hay alumnos que aprenden acciones para abordar situaciones en forma práctica, aunque para ser competentes es preciso que además de las acciones prácticas estén en condiciones de comprenderlas, contextualizarlas y analizarlas a partir de conceptos y teorías, y que además las realicen con un compromiso ético”.
En el enfoque socio formativo, las competencias son actuaciones integrales, para identificar, analizar y resolver problemas en contexto en distintos escenarios, integrando el saber ser (actitudes y valores), el saber conocer (conceptos y teorías) y el saber hacer (habilidades procedimentales y técnicas).
El desarrollo de competencias bajo el enfoque socioformativo supone, a su
vez, la aplicación de una secuencia didáctica, entendida ésta como el conjunto articulado de acciones y actividades de aprendizaje y evaluación que, con la mediación de un docente, buscan el logro de determinadas metas educativas, considerando una serie de recursos.
Este enfoque para la formación por competencias que, en cuanto al componente de evaluación, se hace necesario el uso de múltiples herramientas y mecanismos para determinar el nivel competente alcanzado por un estudiante. Se considera a la evaluación de (o basada en) competencias como todo un nuevo paradigma y una experiencia de cambio significativa para la práctica docente. Pasa de centrarse en aspectos específicos de los contenidos a considerar el desempeño de forma integral.
Tobón y colaboradores plantean una serie de principios básicos que se deben tener en cuenta para la evaluación de competencias:[3]

·         La evaluación se lleva a cabo para tomar decisiones que mejoren y aumenten el grado de idoneidad.
·         La evaluación debe realizarse teniendo en cuenta el contexto profesional, disciplinar, social e investigativo.
·         La evaluación de competencias se basa esencialmente en el desempeño.
·         La evaluación también es para el docente y la misma administración de la universidad.
·         La evaluación desde el enfoque competencial integra lo cualitativo y lo cuantitativo.
·         Los estudiantes deben participar en el establecimiento de las estrategias de valoración.
·        La evaluación de competencias debe acompañar todo el proceso formativo.

El conocimiento va más allá del ámbito cognitivo, abarcando el desarrollo integral de la persona (afectivo, social e intelectual). Por tanto, el proceso de enseñanza aprendizaje debe dirigirse no sólo hacia el saber, y con ello hacia la adquisición mecánica de conocimientos, sino también hacia el saber hacer, aplicar lo que teóricamente se aprende; es decir, la enseñanza debe fomentar el desarrollo por parte del estudiante sus capacidades que le permitan generalizar, transferir lo aprendido a distintas situaciones de aprendizaje, más aún en el contexto universitario, donde el proceso de enseñanza-aprendizaje está orientado hacia la adquisición y desarrollo de competencias). Las competencias engloban, como hemos visto anteriormente, distintas dimensiones: saber (conocimientos), saber hacer (procedimientos, habilidades) y saber ser (actitudes).
Enfocando desde el aspecto netamente laboral, la competencia se entiende como la capacidad productiva de un individuo que se define y mide en términos de desempeño (estándares de calidad), en un determinado contexto de trabajo.
Este último aspecto es importante, pues los conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes, aunque necesarias, no son suficientes por sí mismas. El contexto es un elemento central para un desempeño efectivo, el cual se entiende como el desempeño de acciones específicas para alcanzar resultados concretos, en un contexto dado de políticas, procedimientos y condiciones de la organización. Gonczi “Menciona que la competencia laboral es una compleja estructura de atributos necesarios (conocimientos, actitudes, valores y habilidades) para el desempeño de tareas en situaciones específicas, según la norma apropiada”. [4]
Irigoin y Vargas define a las competencias como la aptitud de un individuo para desempeñar una misma función productiva en diferentes contextos y con base en los requerimientos de calidad esperados por el sector productivo, a través del desarrollo de conocimientos, habilidades y capacidades que son expresadas en el saber, el hacer y el saber hacer. [5]
Las competencias se conciben como una compleja estructura de atributos y tareas que permiten que ocurran varias acciones intencionales simultáneamente. Tienen como base el contexto (cultura y lugar) en el cual se lleva a cabo la acción, pero incluye la posibilidad de transferir y aplicar habilidades y conocimientos a nuevas situaciones y ambientes con ética (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, 1998). Las competencias requieren de la construcción de aprendizajes significativos y útiles para llevar a cabo una tarea curricular, extracurricular o una ocupación profesional, la que se obtiene no sólo a través de la instrucción, sino también y en gran medida, mediante el aprendizaje por experiencia en situaciones concretas de trabajo.

Las competencias son agrupadas en tres categorías: las que permiten el dominio de instrumentos socioculturales para interactuar con el conocimiento, como el lenguaje, símbolos, números y conocimientos previos e incluso aquellos instrumentos físicos como las computadoras; aquéllas que posibilitan la interacción con grupos heterogéneos (las buenas relaciones con los otros, la cooperación y el trabajo en equipo, la administración y la resolución de conflictos) y, las competencias que permiten actuar de manera autónoma para la toma de decisiones en aquellos contextos en los que se vive así como para administrar, defender y afirmar derechos, intereses, necesidades y límites.

Las competencias esenciales se definen como las competencias para la vida, sin embargo, en contextos académicos, la eficiencia y efectividad de la comunicación del individuo dependen en mucho del conocimiento, habilidad, destreza y actitud que éste posea sobre el lenguaje, aunque la competencia comunicativa (oral y escrita) no se adquiere de una vez y para siempre, sí se esperaría que en cuanto el individuo accede a estudios de posgrado, los “saberes” para la comunicación lingüística sean eficaces y efectivos, sobre todo para cumplir con las exigencias que amerita la producción escrita.
La socioformación, en la actualidad, es un enfoque formativo en proceso de consolidación, con importantes avances en investigaciones, publicaciones, eventos académicos, redes de colaboración, postgrados y aplicaciones en un grupo creciente de instituciones educativas en Iberoamérica.
Este enfoque se define como una perspectiva educativa que se orienta a la formación integral de los estudiantes a partir del abordaje de problemas del contexto, en un marco de trabajo colaborativo, considerando el proyecto ético de vida de cada uno de los actores, el emprendimiento mediante proyectos transversales, la gestión y co-creación de los saberes y la metacognición, tomando como base las tecnologías de la información y la comunicación.
La socioformación hace parte de la sociedad del conocimiento, la cual es concebida como un conjunto de comunidades diversas que trabajan de manera colaborativa con apoyo de las TICs las cuales sirven para resolver problemas con valores sólidos, gestionando y co-creando saberes a través de diferentes fuentes. Es por ello que en este tipo de sociedad se busca que los estudiantes aprendan a buscar, procesar, comprender, organizar, crear y aplicar el conocimiento a través de fuentes confiables y con pertinencia.
Referencias:
1.    Gonczi, A. (1996). Enfoques de educación y capacitación basada en la experiencia australiana. En Antología de lecturas del conocer (pp. 1-27). México: IPN.
2.     Irigoin, M. y Vargas, F. (2002). Competencia laboral, manual de conceptos, métodos y aplicaciones en el sector salud.
3.    LEY DE LA EDUCACIÓN Nº 070: “AVELINO SIÑANI - ELIZARDO PÉREZ”
Ley de la Educación “Avelino Siñani - Elizardo Pérez” del Estado Plurinacional de Bolivia
4.      S. Tobón, Formación basada en competencias: pensamiento complejo, diseño curricular y didáctica. Ecoe, 2006.


[1] LEY DE EDUCACIÓN AVELINO SIÑANI - ELIZARDO PÉREZ TITULO I MARCO FILOSÓFICO Y POLÍTICO DE LA EDUCACIÓN BOLIVIANA CAPITULO ÚNICO BASES, PRINCIPIOS, FINES Y OBJETIVOS DE LA EDUCCIÓN BOLIVIANA Artículo 1° (Base) La base permanente de la educación es la sociedad. Artículo 2° (Principios) inciso H
[2] LEY DE EDUCACIÓN AVELINO SIÑANI - ELIZARDO PÉREZ TITULO I MARCO FILOSÓFICO Y POLÍTICO DE LA EDUCACIÓN BOLIVIANA CAPITULO ÚNICO BASES, PRINCIPIOS, FINES Y OBJETIVOS DE LA EDUCCIÓN BOLIVIANA Artículo 1° (Base) La base permanente de la educación es la sociedad. Artículo 2° (Principios) inciso J
[3] S. Tobón, Formación basada en competencias: pensamiento complejo, diseño curricular y didáctica. Ecoe, 2006.
[4] Gonczi, A. (1996). Enfoques de educación y capacitación basada en la experiencia australiana. En Antología de lecturas del conocer (pp. 1-27). México: IPN.
[5] Irigoin, M. y Vargas, F. (2002). Competencia laboral, manual de conceptos, métodos y aplicaciones en el sector salud.